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jueves, 7 de febrero de 2013

Un ángel hostil y profundo...


Rodolfo Santana (Q.E.P.D) , hizo tropezar su pluma en 1.990 con un ser alado en su obra de teatro «Ángel perdido en la ciudad hostil» ——que recién termino de leer——. En ella nos sumerge en un drama que desespera. Y es que el teatro no sólo se ve, también se lee con golpes de estómago y exasperación. Jaffael era un espíritu celeste que caminaba  por las calles de la ciudad como cualquier ser humano, pero que, según Ámbar ——uno de los personajes principales de la obra, y que poseía dotes en lo paranormal——: «Es un aura benéfica que remueve el alma de las personas»... Según ella, Jaffael se acercaba a un lado de los corruptos de la ciudad y les hacía ver de manera espectral y espeluznante lo que eran y lo que hacían. Les ponía enfrente una película en vivo de su maldad y de su falta de escrúpulos. De la noche a la mañana, los suicidios de grandes personajes del país: Ministros, diputados, comisarios y otros tantos, colmó de histeria a una ciudad que, de por sí, ya era bastante hostil.
Carlos Herrera expresaría en el prólogo: «Jaffael es una metáfora de justicia que afirma que aún la humanidad no ha perdido la mirada de Dios». En mi opinión, Jaffael es una metáfora que afirma que aún podemos tener conciencia. Y es que nuestra sociedad estuvo y está raída de escrúpulos. Somos como un zoológico en donde un tigre va detrás de un lagartijo. No importa si es sequía o estamos en abundancia. Queda la esperanza de que esas garras ——tal vez ya desgastadas—— no alcancen la delgadez e inocencia de su presa...
El Grupo Actoral 80 acaba de hacer un montaje extraordinario de la obra «Profundo» de José Ignacio Cabrujas. El teatro; siempre el teatro... No hay manera de escaparse del teatro (y del cine). De su capacidad para tapujarnos realidades envueltas en metáforas (algunas) y en directas verdades (otras)... Cabrujas nos restriega en la cara lo que somos. Metaforiza en personajes que buscan un tesoro escondido  debajo de su casa, la propensión a la riqueza fácil y la creencia de que lo divino siempre será un camino a seguir «sin parpadear». Diría Cabrujas en una entrevista: «Es cuestión de cavar hoyos y descubrir riqueza. El hueco petrolero sustituirá a la imaginación del hueco donde había morocotas españolas. En lo profundo del hueco, donde las esperanzas están cifradas, sólo aguarda una cloaca. El hedor putrefacto invade la escena, haciendo casi imposible la permanencia en ella. Sin embargo, los personajes terminan por acostumbrarse a la podredumbre, al miasma: A todo se acostumbra uno. Ya ni mal huele, ¿verdad?»...
Y bien, así pasan y pasan los días; pasan y pasan los años; pasan en lo absurdo y en lo espectacular... En las bufonadas ——bastante «hediondas» por cierto—— en medio de lo que debería de representar el centro del debate de las ideas del país: La Asamblea Nacional.... ¡Qué show!... Qué bocanada de aire pestilente el que respiramos por televisión en días recientes... Aún recuerdo los zarpazos afilados de ambos bandos que, embadurnados de cloaca por doquier, quisieron asirse de la razón y de la inocencia... Son como niños que, en medio del recreo le dan una patada a la pelota botándola a la calle y, al llegar el profesor, señalan al perro del patio...
No somos perros de patio señores Diputados. Somos personas. Somos Venezolanos que queremos verdades, justicia y un poquito de sensatez en la discusión de las ideas y en el trato de todos. Ustedes, son unos inescrupulosos que pretenden que nosotros nos volquemos en su defensa. ¿No se dan cuenta que no se trata de estar con ustedes?... ¿Qué se trata de estar con el país y con un mínimo equilibrio?... ¿Qué no importa el color que tienen tapizados en el pantalón y en sus glúteos?... ¿Qué no somos «pendejos»?... No creo que piensen que su vehemencia casi senil en cadena nacional, podemos catalogarla de heroica... ¡Hay que investigar todo y a todos!... ¡Y punto!... ¿Cuál es el miedo?...

Hago votos porque un ángel hostil y profundo, salga a pasear por nuestras calles... 

A ver si se estremece el país... Cuidado: ¡No pido suicidios!...

miércoles, 14 de marzo de 2012

El béisbol y la política...

Earle Herrera escribió hace pocos días un artículo comparando los resultados de la oposición en las primarias, con la victoria “pírrica” del Magallanes ante Caribes de Anzoátegui el día aquel del triple empate. El asunto fue que Magallanes ganó el primer juego y quedó exhausto para el segundo; por supuesto, perdió a palo limpio ante los “fresquitos” Tiburones de La Guaira que los esperaban en la “bajadita”...

Pensar que eso mismo ocurrirá el 7-O no es más que una travesura típica de la elocuencia de Earle, pero que demuestra algo de desconocimiento de lo que significa jugar béisbol ——por no aventurarme a decir que sobre jugar en política——. En el béisbol los jugadores no se cansan en esas lides decisivas; ¡eso no existe!... ¡No se diga más!...

La oposición que tanto hemos defenestrado en el pasado en sus participaciones y actuaciones electorales, dio un “inmejorable” ejemplo el 12-F al escoger su candidato presidencial de manera democrática y con una participación abrumadoramente imprevista. No comulgar con ésa oposición, no puede, ni debe hacer perder la sindéresis a nadie. Me rehúso a pensar que esa enfermedad se contagia. ¿Cómo entender que los argumentos que la oposición esgrimió a cuentagotas en cada elección del pasado, sea el mismo que hoy sacude al Gobierno?... “Fraude”... “Fraude”... ¡Vaya!... ¿Ahora sí? ¿Ahora se volteó la tortilla?...

Nuestro estadio de política (no beisbolístico), nos reclama su mejor traje y, hasta hoy, la veo vestida en harapos desgarrados. La polarización extrema genera estos sobresaltos a veces inentendibles. ¿Por qué el Gobierno y sus personeros se “pican” tanto?...

De éstas primarias los más importante a rescatar ——en mi opinión——, es el darnos cuenta en qué país vivimos. Estamos convencidos de Democracia; convencidos de camaradería; de Venezolanismos; de astucia y de torpeza; de vaivenes sospechosos ——hasta de nosotros mismos——.

Cabrujas decía en la inexpugnable entrevista que le hicieran en el año 1987, “El Estado del Disimulo”, que “el Estado es un brujo magnánimo, un titán repleto de esperanzas en esa bolsa de mentiras que son los programas gubernamentales”.

El cambio real en nuestro país se gestará en los seres humanos de las próximas generaciones. Ellos deberán entendernos en una política diferente. Deberán jugar a una política diferente. Aquella que muestre la vida del común de la gente tal y como es. Como lo dice Cabrujas al referirse a su obra Acto Cultural: “Creo que la sociedad Venezolana, está basada en una mentira general; en un vivir postizo. Lo que me gusta, no es legal. Lo que me gusta, es un error. Entonces, tengo que mentir”. El tino de Cabrujas no deja de asombrarme por su vigencia atemporal. 

Mentirnos y engañarnos continuamente es nuestra peor tragedia. La política de la mentira nos tiene en este “tírame y encoge” que ya nos confunde a todos. Al punto de ya no saber que es verdad, y que es mentira.

Mentir en el béisbol, es normal. Si no mientes en tus intenciones, el manager contrario te descubre la estrategia y te gana. Mentir en política, pareciera ser normal, pero que daño nos hace...